Ayer estuve tan metida en la culpa, el arrepentimiento... un infierno del que parece no se puede salir. Por los actos cometidos, por no poderse perdonar a uno mismo.
Tanto fue así, que la salvación me llegó en forma de un pensamiento diferente: Si no puedo hacer nada con estos lamentos y desgracias interiores, entonces dejaré de estar en ellos y saldré afuera, iré a ayudar a los otros que lo están necesitando. No se saca nada de dar vueltas preocupándose, aguantando, sacrificando, al contrario, es mejor hablar en su momento, bien y con una buena intención. Nada de juegos, nada de tira y afloja con los demás. Solo centrarme en mí y dirigirme a ellos.
Con esta nueva visión, el día de hoy se ha presentado espléndido, lleno, y con los problemas normales de cada momento. El amor ha estado ahí presente, la conexión entre todos nosotros ha sido un hecho, y yo me siento aligerada de una pesada carga interna.
Ojalá siga en la dinámica de esta comprensión. Porque es la única salida. Debo recordarlo por siempre.

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